
Ayer día 29 de diciembre, me reuní con dos de mis hermanos para dar un paseo junto con nuestros hijos por Valencia. Lógicamente salió el tema de la serie que se estrenaba por la noche, sobre la importancia del Cardenal Tarancón en la historia reciente y no tan reciente de España.
Claro, lo comentábamos porque lo conocimos y compartimos con él (algunos ratitos) de sus vacaciones en Torre Anita situada frente al Ermitorio de la Virgen de Gracia de Vila-real, aunque la casa en cuestión se encuentra en término municipal de Almassora (es normal que se enfanden cuando dicen siempre que iba a Vila-real de vacaciones). Fueron tres o cuatro veranos de aproximadamente el año 1971 al 1974.
Recuerdo las misas a la 1 del mediodía, donde me hacía poner en primera fila (yo con 8 años y a punto de tomar la comunión), y vigilaba si rezaba bien el padrenuestro. Por la noche, en la terraza después de cenar nos reunía para rezar el rosario. Luego nos daba las buenas noches de una forma muy graciosa, en valenciano, como era lógico en él, decía "Bona nit, totes les puses per al teu llit i la mes gorda per al teu melic". Esto me lo recordaba ayer mi hermana, yo lo sigo diciendo a mis hijos pero no recordaba que era de la cosecha propia del Cardenal Tarancón.
También recordábamos subir a su estudio, situada en la parte alta de la casa, con ventanas en todos sus lados, escribiendo con su olivetti y fumando como un descosido, sus paquetes de celtas, y una niebla propia de los días mas cargados en Londres.
Nunca nos podríamos haber imaginado con la edad que teníamos todos, desde los 8 años de algunos de nosotros o los más mayores, como mi hermana o el hijo de sus amigos los Arrufat Parra, cerca de los 14 años, de lo que estaba cocinando y de la repercusión que iba a tener en nuestro futuro. Para nosotros simplemente era Don Vicente.
Uno de los últimos años que estuvimos como vecinos, recordaré siempre la imagen de una pintada que apareció en el muro del cierre de Torre Anita, parar que daba al puente que cruza el Rio Mijares, y se leía "Tarancón al paredón". Aparecieron patrullas de la guardia civil que se turnaban y se colocaban discretamente en la parte trasera de la casa, justo junto a nuestra puerta de acceso. Mi padre les sacaba unas tazas de café para pasar la noche. Era una situación extraña, ya que nosotros no entendíamos por qué estaban allí esas patrullas de la guardia civil.
Ciertamente, nunca se le podrá agracedecer todo lo que hizo por nosotros.

